Entre la espontaneidad del momento, la radiación del astro que llamamos sol lastimando mis pupilas, la previa dosis de alcohol, y tus ojos mirándome no logro recordar las palabras exactas con las que pronunciaste aquel discurso.
El recuerdo es efervescente, tu voz atestaba mis oídos, y en un santiamén sin haberlo previsto nos encontramos, despertamos justo donde menos lo esperamos, tus labios se percibían de otra manera, tus manos recorrieron lentamente mi piel, tus ojos no dejaban de mirarme, nos amamos, y entonces fui fuerte, le puse pausa a las sensaciones y memoricé tu imagen.
Ahora guardo celosa y egoístamente tu imagen reflejada en aquel espejo mientras acariciabas mi espalda con tus labios.
